La otra noche, mientras paseaba la vista por un libro abierto, me picó la nostalgia. Nostalgia, qué curioso, de aquel tiempo remotísimo, tan ajeno ahora, en el que podía leer. Miré la página que tenía enfrente y me salió una mueca floja, amarga. Esas letras negras y bien delineadas, agrupadas con esmero según la inspiración o la lógica de algún desconocido, no hacían más que darme lástima, pues sugerían una posibilidad muy inocente, casi ridícula: alejar mi pensamiento, aunque fuera un segundo, del recuerdo de Brenda y de su compañía imposible. “No hay manera de que eso pase”, dije desde mi silla, y el sonido de mi propia voz me paralizó. ¿Cuánto había pasado desde la última vez que lo escuché? Pero no fue eso lo asombroso; sí lo fue recordar mi propia humanidad. Yo existía, y se me había olvidado. El dolor y los días habían trabajado en silencio y lo habían hecho bien: me había desvanecido hasta llegar a ser un puñado de recuerdos de Brenda, donde casi no quedaba lugar para mí, un ente inclasificable, una abominación, débilmente ligada al universo por el insensible acto de morder, cada tanto, un pedazo de pan. Una cosa que se asusta cuando de pronto se oye hablar ¡¿Qué me hiciste, por Dios?! Corrí al espejo, en plena confusión, oscilando entre Félix y la nada. La verdad es que no sé lo que ví. Estaba perdiendo la conciencia y la calma. “Tengo que pisar un terreno más seguro”, pensé. Entonces me fui a dormir. Pero debía de andar muy pobre de alma porque el sueño, en lugar de suministrarme un sitio apropiado para despejar mi desorden, me depositó en la misma pieza donde recién me había dormido. “Algo es algo”, murmuré y me puse a caminar por al cuarto. A diferencia de la realidad que acababa de dejar, en mi sueño llovía, y la luz de la luna proyectaba en la pared sombras pálidas de gotas que rodaban por la ventana. Me senté al borde de la cama, donde yo estaba acostado, durmiendo y proyectándome sentado al borde de la cama. Miré mi cuerpo dormido con una mezcla de ternura y de pena; casi no podía reconocerme. Me pregunté si aquello era yo.
Hay vicios difíciles de abandonar. Por increíble que parezca, aún en medio de aquel desconsuelo metafísico, tuve una ocurrencia tentadora. Me incliné sobre mi oído y muy suavemente, en una exhalación muda, casi inaudible, susurré esa palabra que siempre tenía en la boca: “…Brenda…”. Enseguida, con la misma delicadeza con que la había pronunciado, Brenda apareció en el centro de la habitación, muy tenue, como hecha de viento. Sonrió a su particular y dulce manera, y así como había florecido se esfumó. Quedé atontado por el encanto, respirando la memoria de su aroma. Pero el hechizo duró poco, porque al instante me entró la desesperación. “Esto no tiene fin. Si sigo así muy pronto me voy a perder. Para siempre. Y no me hace ninguna gracia. No se donde buscar, ni cómo…”. Bruscamente me interrumpí. Sentí una especie de disminución. Supe de inmediato lo que estaba pasando, pero un íntimo miedo no me dejaba voltear y comprobarlo. No lo necesitaba, desde luego, pues tenía en frente el revés de mi silueta sentada. Mi yo durmiente, recostado a mis espaladas, había despertado, pero no completamente. El ruido de la lluvia contra el vidrio era cada vez más intenso, las sombras de las gotas se agrandaban en la pared, y afuera no llovía nada, nada. Me hallaba a mitad de camino, entre el sueño y la realidad, varado. Lentamente volví la cabeza, y pude observar, desde mi detrás, la evolución de su giro. Mi corazón, donde fuera que estuviese, latía con violencia. Ví mis labios, la curva de mi mejilla… y encontré mis ojos, clavados en los míos, mirándome desde mi propio ser, reproduciéndome infinitamente. Sentí que iba a morir de pena, a morir de amor, y en esa multiplicada soledad, rompí a llorar, como un chico, hasta vaciarme. Al cabo de un rato, brotó una palabra.
- Hola.
Hablamos hasta muy tarde aquella noche.
Desperté por la mañana y fui a mojarme la cara. No necesité verme al espejo.
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15 comentarios:
Félix querido, si durmiendo y siendo feliz deja de escribir, pues siga así.
Buena pluma. Yo tb fui preso una vez. Pero pude dormir. Solo contraje una profunda y extensa depresión. Creo haberla superado.
Pero el fin del mundo, el q se avecina me da desconfianza.
Saludo de goma.
Me gustó mucho el final de tu relato. El momento en que rompes llanto por verte a vos mismo.
Como nos cuesta vernos, hasta nos sorprende a veces.
es claro que un poco yo también como ira, sera por eso que encuentro algún parecido medio remoto con todo esto.
será por eso
muy bueno
Este no me gusto tanto... aunque igual es muy loco maussy
Un consejo: reserve lo mejor, lo bueno, para el final.
Cómo le va?
Vuelva a escribir, por favor.
Saludos,
Pablo
YYYYYYYYYYYYYYY??????????
Para cuándo otro texto?
Vamos, la gente quiere leerte querido. Metele.
hola!
me siento muy identificada porque hace noches que me pasa lo mismo
el otro dia me desperte a eso de las 4 con ganas de vomitar, fui al baño corriendo segura q eran unos hongos que habian estado en la heladera hacia unos dias y que yo estupidamente los habia comido, pero no pude hacer nada...
despues me di cuenta que tambien tenia ganas de vaciarme pero no vomitando, aunque si llorando, no pude tampoco y me volvi a la cama...
sigo igual de enferma todavia
Otro blog de Felix...interesante
llegué acá por recomendación de Baker
presidio me pareció increíble
seguramente ya hubo alguien que se lo haya hecho notar.
me gusta como escribe
lejos el mejor
por qué no continua deleitandonos? a mi me gustaba leerlo. mucho.
aunque me encienda alvarez
usted tiene todo mi respeto
empecé y terminé de leerlo recién todo entero.
ya que dió por terminado el otro, bueno.. no podía quedarme en la vereda, así que entré acá...
me gustaron todos.
por favor vuelva a escribir, su atmósfera encandila y deleita.
salutes!
creo q llegué muy tarde!
lo volvi a leer y este texto me parece excelente. Me sorprendi pensando que antes no lo habia entendido del todo.
Es escalofriante y hermoso
interesante, sugestivo, indesifrable, complicado, reflexivo, sencible, lejano, dulce, ausente.. me encataría ser tu psicologa! felicito el poder de expresar con palabras sentimientos y sensaciones tan profundas... realmente me gusto mucho!
No te conozco ni vos a mi, pero en este último relato supiste expresar lo que yo no puedo y siento, gracias!
muchísimas gracias
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